Como el huidizo tejón
Como el huidizo tejón en la madriguera
de mis apartados días el ámbito guardo,
y con pilastras evanescentes compongo
la volátil figura de mi quimérico palacio.
¿Es acaso pecado vivir así desentendido
del cieno que la prole de Adán moldea?
En copa de barro bebéis vuestros goces
mortales, en el engañoso regazo de Eva.
Divina fatalidad
Divina fatalidad, eminente hado
trae al hombre reo a su presidio,
en doliente morada de sombras
una luz abraza, con afán de brillo.
Herido cántico de luz
Herido cántico de luz,
pie del astro hundido en la sombra,
que con terrestre danza remueves
el silencio de nocturnas horas.
También yo dolorido canto
pero doy al espíritu las alas del deseo,
y así de puntillas sobre el mundo
de una estrella los labios beso.
Negación
I
Descendió al humano trasunto
la noche desde el alto orbe
y por encima del túmulo puso
coronas de enlutados resplandores.
II
Estas vidas nuestras, plebeyas y ungidas
de triste misterio, nadie sabe lo que son,
son como las hojas que arrastra el viento,
Caronte si hay óbolo recoge al portador.
Al despertar en la cárcel oscura
Al despertar en la cárcel oscura,
noche del alma sin sueños,
solo en el dolor encuentro cordura,
solo en la agonía logro sustento,
es esta noche fría tan profunda
como la oscura verdad del universo,
el castigo de una palabra dolorida
que siente el eco inerte del silencio.
Beber bienaventurados, beber
Beber bienaventurados, beber
ahora que el dichoso y pródigo sol
en límpida copa escancia el rayo.
Levantar la copa magnífica y beber
del cáliz mismo que los dioses libando.
Apurar esta copa, oh benditos
ni una gota de ambrosía en ella quede,
disponiéndoos luego a la siesta de Pan
en apacible sombra y profundo bosque.
Beber bienaventurados, beber,
que la delicada y blanca ninfa os bese.
Sea la paz en mi reino
Reniego, amargo vaso, de pomposos títulos,
cualquier virtud o séquito de mi lado desterré,
un viento transeúnte me lleve en sus brazos,
consuman mis días el hastío y la embriaguez.
¡Fútiles ídolos en barro formados, en todo os
detesto! Vanos clarines del mundo, no os
escucharé. Sea la paz en mi reino, denostado
abismo, donde no haya pedestales, tronos
ni dosel.
No al alma que en mi oscila
No al alma que en mi oscila
en la loca representación de las cosas,
sino al aura que en la mañana germina
y es cendal del vestuario poético de la diosa,
a ese aura me refiero, a ese delicado efluvio,
gesto henchido de vida, retazo dulce del pensamiento.
Sienten los mares
Sienten los mares calladas nostalgias,
nostalgias de infinito que el horizonte saben,
el recuerdo de una infancia ya pasada
bajo el cielo puro de su niñez de ángel.
¿Sabrá el mar qué parecen indulgentes azules
los reflejos del cielo en sus cristales,
o qué sus tersas aguas parecen espejos
con humedecida piel de oro y diamante?
¿Sabrá el mar cuando aquietado le observo
qué también son mías las inmensas soledades,
o qué escribo de su rumor en los cuadernos
aquella música de alma suspirante?
¿Sabrá el mar en las playas desiertas
cuándo acaricia bondadoso las arenas,
qué en sus manos lleva el halago amable
qué dio el santo Creador a la tierra?
¿Sabrá el mar qué en sus lides las nereidas bregan
y qué hermano soy de fantásticas ideas,
qué van acicalando su espumoso penacho
con ademanes transparentes de doncella?
¿Sabrá el mar qué hace ya mucho tiempo
en mis ensueños resplandece una estrella
qué mientras ella camina descalza
él cada noche sus pies cosquillea?
Al mundo vine
Al mundo vine,
corona no me dieron,
pero en modesto huerto
algunas flores sembré,
y es mi gloria distraerme
en la cálida tarde
con esos pequeños países
de amaranto y rosicler.