Aquellos conocidos
Aquellos conocidos que me saludan
que poco me conocen, la verdad.
Ignoran que mi alma es una fuente
y mi vida como un humilde riachuelo
corre siempre buscando el mar,
y que a veces placentero se solaza
al arrullo de la hermosa floresta
o adormecido se queda en el umbral.
Tampoco sabemos
Tampoco sabemos al concluir el sueño
si acaso fue una hada quien lo tejió,
pero al evocarlo con nostalgia queremos
regresar al jardín que la visión nos dio,
pues la vida era allí plácida y se sentía
al pasar el regato un agradable frescor.
Hay noches que cuando la luna resplandece
Hay noches que cuando la luna
resplandece, el aliento de un beso
a las sombras inflama,
y aquel beso, que si no es sueño o es amor
no es nada, deja un vago rumor
de promesas, de ilusiones, de caricias,
de alas….
¿Ha herido un rayo de luna
mi pecho con su pálida saeta?
Divaga mi alma ensangrentada
entre espejismos de ilusiones, caricias
y promesas…
Se han teñido con el rojo de la sangre
el beso de la luna
y los lirios de la pradera.
¿Ha herido un rayo de luna
mi pecho con su saeta enajenada?
Se han teñido con el rojo de la sangre
el brillo de la luna
el amor y la montaña.
Un desasosiego
Un desasosiego el corazón me inunda,
triviales horas observo pasar,
de este bajo oficio que da la vida
¿podré algún día apearme y descansar?
Siento aquí correr suave una brisa
acariciante y reparadora, que invita a olvidar,
al lodazal de la vida, a la acritud de las horas
quizás ya nunca querré regresar.
La lluvia
I
La lluvia lenta tras la ventana, la tarde de zozobra,
hacen que a la cabeza acuda Verlaine,
que terrible, dijo el poeta, es la tristeza,
y no saber de donde viene, ni para qué.
Es invierno y la tarde lánguida, casi yerma,
como un tambor de lluvia repiquetea,
música devastadora del mundo, tambor de lluvia,
hastío, ritmo de tedio, indolencia.
II
Como tenue letargo cae la lluvia,
del aire el cristal estremecido
en menguada luz perece.
De la vida se han borrado los caminos,
bajo la lluvia
la tierra mojada duerme.
Desengañado al fin
Desengañado al fin del burdo tumulto,
de la pueril mezquindad de la vigilia,
escribo palabras al hervor de una lámpara
como quien en la noche teje o hace su labor,
al padre Apolo pido el don de la armonía
o a Calíope bella y suave inspiración,
luego bajo la luna mis párpados se cierran
y Selene me abraza como al pastor Endimión.
El aire no es de cristal
El aire no es de cristal aunque tenga
la misma muda transparencia,
el aire es hoy una ilusión tranquila
con fragantes orlas de madreselva.
Trepadora y alta como la planta
se encaramó también la ilusión,
por la tranquila madreselva del aire
trepé la tapia del mundo y el dolor.
Hoy Neera, siéntate a mi lado
Hoy Neera, siéntate a mi lado, ven y circunda
con flores mi acostumbrado desdén,
mira esos juncos oh Neera al pie del calmo río,
recoge las amarillas flores, que aquí las pueda
oler, mas no quieras luego añejo vino
ni írritos goces, que los tragos son livianos
y tu boca es de hiel.
Apuntes dispersos
Cuanto tiempo hacía mi buen Pedro Salinas, cuanto tiempo
añorado tu signo de coral sumergido. Ante tus ojos la vida
poseía el silencio y el atisbo desbordado, entre ritmos lisos
y pulidos, y el lejano rumor de los barcos.
Quiero vivir cerca de un sueño
donde la vida no sea nada,
o vivir entre dos orillas
igual que si fuese agua,
para que la luz del sol
me llegue a lo hondo
y que me bese la luna
en las noches claras.
Quiere el aire de la mañana
ser verde como el alcor
o tener como la mariposa
por emblema algún color.
(Noche)
El murmullo de un arpa
en la callada arboleda…,
¿es cierto lo qué he oído?
¿lo he soñado? ¿es el viento?
es tan dulce su sonido…,
¿son sus notas verdaderas?
La noche es una reina loca
¿sabéis acaso si vela o sueña?
pero es tan dulce el murmullo
de su música en las hojas…
Quien entona el dulce canto
¿Quién entona el dulce canto
qué se oye en la noche vacía,
es música hacia donde huye
de la tiniebla el alma cautiva?
¿De qué azul palacio
abre la puerta la luz del día,
es el cielo qué alza su bóveda
más allá de la vida?