Doña luna, doña luna
Doña luna, doña luna,
están los montes esperando
poner en su robusta frente
tu birrete plateado.
Doña luna, doña luna,
los barcos están gritando,
tienen miedo porque no encuentran
en la noche la luz de tu faro.
Doña luna, doña luna,
tus hijos están llorando,
tienen hambre porque ya no sale
leche de tu seno blanco.
Necia avidez de paraíso
A veces pienso no en los vivos
sino en los muertos ruiseñores,
oigo su canto en celestes nidos,
me deleitan al oírlos sus eternos sones.
Ya no cantan en los árboles
bajo la dorada sombra del poniente,
cantan desde más lejos,
desde un imposible que el alma tiene…,
y al cantar sus arrullos parecen
caricias que a la tierra conmueven.
(Necia avidez de paraíso
ante la negra avidez de la muerte).
Un lúgubre acento
La musa le presta a la lira un lúgubre acento,
en mi pecho temblorosa una llama, en mis ojos,
crepitando dos sarmientos negros.
¿No escucháis hoy, amigos, en el salón diáfano
-sin risas, sin ecos- el crujido lánguido y seco
de mis pensamientos?
Si turba mi paz un lamento, si rasga mi sonrisa
un temblor, si mi corazón al compás no late,
si mi tumba ya se excavó…
Si el sol de la mañana cual gota de rocío sorbe
mi dolor, remendaré la negra mortaja
con una blanca flor.
Como guarda la enrejada
Como guarda la enrejada su recinto,
como guarda la colmena su dulzor,
yo guardaba en sagrado cáliz
las últimas gotas que el amor me dejó,
y decidme, ¿ahora qué me queda
si el dulce néctar al suelo cayó?
¿Dónde calmaré la sed que me aflige
si la fuente de sus labios se secó?
Sube de tu pelo al cielo
Sube de tu pelo al cielo un perfume abandonado,
volando lejos, en pos de la hermosura,
voluptuoso cuerpo de formas irreales,
vaga nube que en ilusiones vuela encendida.
Yo también conozco la vida de los sueños,
con su vaporosa materia cuezo cada día mi pan.
Yo también conozco aquel ansia infinita
que en vuestros labios puso la sed del amar.
¿Qué buscas allí arriba perfume?
¿Buscas a los ángeles de amorosos brazos?
¿Acaso la plenitud de una esencia buscas
donde al fin dar reposo a tus suspiros sonrosados?
Sube de tu pelo al cielo un perfume abandonado,
desesperadamente, buscando la hermosura,
¿Por qué no en el melancólico jardín de flores,
pones mujer tus anhelos junto a la plegaria mía?
Algunas noches me pregunta
Algunas noches me pregunta
si la lejana estrella del oriente
es oro, es fuego, es sueño, o qué es,
y cada vez que me pregunta
de un laúd el triste quejido
o el eco de un hondo suspiro
en sus labios vuelve a nacer.
Algunas noches me pregunta
y no sé que responder,
pero en el óvalo de sus dulces ojos
más divino que el de la estrella
otro fuego siento arder…