Corre líquido el cristal luciente

Corre líquido el cristal luciente

de la piedra llevado por hincado caño

a la tranquila poza, hilvanando con ligeros sones

la hilaridad riente de su cantante prosa.

 

Y por no saber bien qué pensar imagino

que el reflejo del agua es acaso diamante,

que el murmullo de la música es acaso sibilino,

 

o que bebiendo las clarísimas linfas

mi vida se convierte en una charca

para algunos pequeños peces cristalinos.

Allí donde el sueño traza

Allí donde el sueño traza

por el verso caminar imaginado,

muda yace una florida vereda

cuyo silencio realza sus encantos,

quien pudiera en este lecho

en el apacible verdor recostarse,

sin espantar al ciervo de Diana

tallado en el bronce de Leocares.

Mañanita del azul que restallas

Mañanita del azul que restallas,

mañanita linda de castellano solar,

después de la severa noche

en el fresco zaguán del día

las ledas del aire ríen sin parar,

las flores soñolientas trenzan

estrofas aromadas de tomillo y azahar,

¿cómo no aquí solaz detenerse

y también por qué no reír y cantar?

Yo vivo en aquellos valles

Yo vivo en aquellos valles

donde yace fragante la violeta,

bebo en el deshielo de las cumbres

cráteras de blanca pureza.

 

Yo soy en el afable bosque

el verdor en que la flor se asoma,

soy también el musgoso asiento

donde las risueñas hadas juegan.

Retrato

 

I

Perdido no más en el bajel de la duda,

afrontando sin lastre azaroso porvenir,

no dando arrumaco al celeste incienso,

¿qué fue vil destino lo que hice de mi?

 

Acaso cribando entre las sonoras letras

un lauro rutilante de admirable talento

haya soñado con el son de los cedazos

y con las floridas guirnaldas del viento.

 

Sensible a los alardes de luz, cautivado

por la dulce tonada que al oído inspira,

embriagado con la fragancia del jardín,

sediento de música, belleza y armonía.

 

En la quietud de la vida las horas apuro

así distraído entre aderezos y melodías,

tejiendo con husos de la lírica moderna

bagatelas de oro y delicadas algarabías.

 

No es mi oficio el cantar, ni tengo parte

en ningún concierto de tenores selectos

mas tengo aquel gesto que a la lira tañe

y muestra del mundo un acorde diverso.

 

 

II

Duermen en mi boca pequeñas aves

que a veces salen y cantan bajo el sol,

aunque otros días ensimismadas se posen

mudas, en las ramas de mi corazón.

 

Yo no nací como los hermanos Machado

en un noble patio en el corazón de Sevilla,

ni ostentan mis apellidos solariego blasón

pues siervo soy del fértil regazo de Castilla.

 

Discreta es mi presencia, parco mi saludo

que ninguno se molestaría por no recibir,

huraña es mi casa, sin riquezas ni escudo,

pobre es mi traje y menesteroso mi saber.

 

Mi vida que entre loores no pudo debutar

tiene la esperanza firme de la mies madura

y el sazonado fruto de algún bonito rosal

es la alhaja que imploro como mi ventura.

 

Entre mis ajuares no hay galones ni gloria

pues nunca valentía en la guerra demostré,

no tengo aquel empuje del español brazo

que los fieros gigantes partía por doquier.

 

Por la tarde en calma al arrullo del hogar

en sana charla con las musas me divierto

de la opinión política nada quisiera saber

pues aún tengo abierta la herida de Riego.

 

También el orlar yo adoro y la hermosura

y el lindo trabajo que los orfebres hacían,

en el dejo lírico a un Espronceda prefiero

que a ese nuevo grupo de jaez surrealista.

 

Sencilla es mi vida y en el diario trajinar

antes a la bondad atiendo que al peculio,

no soy como aquellos que solo por ganar

hasta de la paz despojarían a los muertos.

 

Al morir el día el sol de Ovidio recuerdo

apagándose lejos en el postrer atardecer,

mi canto es como la flor que se marchita

sin que a mi frente acuda ningún laurel.

 

Yo vivo allí en donde se hallan las ruinas

entre la desabrida piedra y un taciturno

esplendor, en mi yace la oculta nostalgia

del héroe vencido al que la muerte llevó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poco tengo

Poco tengo y no reclamo lo que mío no puede ser,

basta el amable aroma, el clamor verdecido

que da la floresta al crecer,

otras cosas no tengo, a la razón no pido

otras cosas que querer, tengo si, el sol tranquilo

que en el campo veo pacer.

 

 

 

 

El hombre y la vela

Le cautivó de sus ojos el azabache furtivo,

oscura roca que miraba con atisbos de soledad,

luego al prender en su pecho la llama de ardiente fuego,

hizo nacer en su rostro una radiante beldad.

 

Cuando en la alcoba yacía tendida en sus brazos

en el desnudo cuerpo la figura comenzó a declinar,

¡yo no sabía qué fueras de cera! dijo él asustado,

y yo no sabía, dijo ella entre sollozos, que tanto doliera el amar.

El poeta

El poeta para ser casto y puro ha de vivir

retirado y absorto en su destino,

en su claustro místico de palabra e imagen

y en el sueño del alma y los sentidos.

Que hermoso es alzar la frente y ver

los racimos de estrellas en los nidos de oro,

sentarse, y en la tranquila noche respirar

el constelado humo que vira en torno.

Al susurro de arcanas fuentes

Al susurro de arcanas fuentes

por sus melodías arrobado,

en los bosques del Helicón

de blancas ninfas rodeado.

A las aguas de Castalia

voy sediento a echar un trago,

de Erató la amorosa cítara,

de Polimnia el sagrado canto.

Yo deambulo

Yo deambulo, peregrino errante

en busca de la belleza y el santuario del amor,

por el camino un rato me entretengo

en la afable compañía del campo y el sol,

así ando y divago y al arrullo de la tarde

fatigado me tiendo en un prado consolador,

verde pañuelo que las tristezas recoge

y la luna limpia con piadoso fulgor.